Debate sobre el aborto (Última parte, por ahora)

En esta entrada, pretendemos brindar una serie de materiales y promover el diálogo efectivo en las materias de humanidades, dentro de un curso de estrategias metodológicas en el aula, en las Ciencias Sociales, como así también la filosofía. Ya dijo Kant que no se aprende Filosofía sino que se aprende a filosofar.

El diálogo eficiente a que hacemos referencia, es el fundamento para que los estudiantes y colegas docentes u otros interesados en el tema, aprovechen bien los materiales que aquí exponemos; no conocemos otra manera que obtenga mejores resultados para fomentar el pensamiento cuidadoso, complejo y crítico.

Pero reiteramos, que en los temas complejos, el diálogo eficiente no consiste en hablar sin más, sino que requiere de unas técnicas y un trabajo previo.

 

MATERIAL  1

La despenalización del aborto: ¿progreso o barbarie?

El progresismo, fiel a su principio de “amar siempre lo nuevo”, no es más que la expresión de un sociologismo, producto derivado de la descomposición del marxismo. El progresismo es la manifestación de aquella conciencia para la cual toda afirmación es expresión de un tiempo determinado: nada posee un valor intemporal (excepto, claro está, su propia afirmación la cual tiene un carácter dogmático y eterno).

En la actual circunstancia, el hecho de sostener la despenalización del aborto sería la expresión de una conciencia puramente epocal que está dispuesta siempre a asumir lo nuevo como sinónimo de progreso. Legalizar el aborto equivaldría a una “conquista” en el camino de la conciencia humana hacia la total emancipación, la cual coincidiría con la entronización de un sujeto absolutamente auto-referente que ha llegado al cenit en su desvinculación con todo lo que no sea él mismo.

En este camino hacia la pura libertad negativa como ideal de vida, todo (incluida la mismísima vida humana) debe ser considerado como un obstáculo a ser superado. De esta manera, un ser humano en el vientre de su madre puede ser considerado un obstáculo para que esa mujer ejerza sus derechos sobre su propio cuerpo (léase: mi voluntad, auto-referente, no debe nada a nadie).

Este narcisismo en estado puro, potenciado por el poder de la tecno-ciencia, se manifiesta hoy en la elección del ser de mi hijo, al cual puedo elegir “a la carta”; o también en el deseo de prolongar mi vida biológica más allá de lo esperable, etc. Dado, entonces, que el querer se considera una instancia sagrada, todo debe ser sometido a sus dictámenes, incluida la sentencia de muerte dada a una vida inocente. De allí se entiende, entre otras cosas, la desaparición del uso del término “deber”. Un ser absolutizado, acaso, ¿puede ser deudor de alguien? La vida buena, por lo tanto, no consiste ya en obrar conforme a un modelo previo a la voluntad, sino, primordialmente, en la generación del modelo mismo por parte de mi voluntad. El hombre carece de naturaleza, de un ser y una finalidad dadas: su ser es lo que él mismo quiere hacer de sí.

La lógica del denominado “sentido histórico” que sustituye la distinción ética bueno-malo por la de nuevo-viejo, nada nos enseña acerca de los valores. En consecuencia, el abandono de un verdadero principio moral hace que los juicios de valor queden privados de todo soporte objetivo. En este caso, como muy bien lo señala el gran filósofo de la política Leo Strauss, llevando la tesis referida al absurdo, “los valores de la barbarie y del canibalismo serían tan defendibles como los de la civilización” (1). La lógica nihilista pretende, una vez más, servir de fundamento a una organización jurídica “progresista”, consistiendo el progreso, en este caso, en la materialización, en nuestro orden jurídico, de la pérdida del sentido de la dignidad de la persona humana.

¿Qué posición toman los partidos políticos frente a esta situación? Los mayoritarios sostienen que, en estas cuestiones, debe permitirse que cada legislador obre de acuerdo a sus propias convicciones. Como puede advertirse, detrás de esta formulación se esconde la afirmación siguiente: para el partido son más importantes, en lo que hace al bien común de la Argentina, los impuestos que deben cobrársele a los granos que la mismísima vida humana. Sólo respecto de esas cuestiones el partido debe tener una posición unánime y no sobre problemas ajenos al bien de la ciudad (¡sic!). ¿Cómo resulta posible que un partido no asuma una posición clara frente a las grandes cuestiones de la vida de la polis?, ¿cómo puede, un partido político, quedar al margen del gran problema de la vida política, cual es el de la vida buena?

Todos sabemos que los ciudadanos estamos representados, en la República, por los legisladores. También sabemos que cada ciudadano tiene, explícita o implícitamente, una concepción global de la realidad y, como consecuencia de ello, una visión del hombre, de la ética, de la política, etc. Ahora bien, pareciera que algunos ciudadanos tienen pleno derecho para hacer valer sus concepciones en la discusión de las leyes; por el contrario, otros no gozan de las mismas facultades. En este sentido, el hecho de expresar que el aborto es dar muerte a un inocente (y que, por lo tanto, jamás debiera ser legalizado), es visto como una maniobra de imposición de una perspectiva, aplicable sólo a los católicos o creyentes en general. Los creyentes, en consecuencia, deberían abstenerse de defender su posición, calificada de provinciana y anticuada; los laicistas (y digo laicismo, no laicidad), sin embargo, tienen todo el derecho para imponer urbi et orbi su posición a la que auto-califican de universal.

Respecto de esta curiosa forma de justicia y de apertura democrática, el mismo Jürgen Habermas, quien negaba la necesidad de la fundación del Estado en valores éticos, advertía al totalitarismo laicista: “La neutralidad cosmovisiva del poder estatal, que garantiza las mismas libertades éticas para todos los ciudadanos, es incompatible con la generalización política de una visión del mundo laicista. Los ciudadanos secularizados, en cuanto que actúan en su papel de ciudadanos del Estado, no pueden negar por principio a los conceptos religiosos su potencial de verdad, ni pueden negar a los conciudadanos creyentes su derecho a realizar aportaciones en lenguaje religioso a las discusiones públicas” (2) .

El sociologismo relativista, pues, ha llevado a que el derecho pierda su fundamento. El desplazamiento de la razón moral trae como consecuencia un hecho: el derecho ya no puede referirse a una idea fundamental de justicia, sino pasa a convertirse en el espejo de las ideas dominantes. Por eso, sostenía el por entonces Card. Joseph Ratzinger, “la cuestión fundamental acerca de la restauración de un consenso moral fundamental en nuestra sociedad es una cuestión de supervivencia de la sociedad y del Estado” (3). Por el momento, vivimos dentro de aquel mundo vislumbrado por Charles Péguy: el “mundo de los que no creen en nada, que se glorían y enorgullecen de ello”.

Lo nuevo no es sinónimo de bueno y, por eso, no equivale necesariamente a progreso. El imperativo de la Escritura “No matarás al inocente” significó un progreso fundamental para la conciencia moral de la humanidad. Y esto fue posible gracias a que el yo fue capaz de alcanzar, mediante su inteligencia, una perspectiva universal, abandonando la idea de una razón instrumental al servicio de los instintos de un empobrecido yo.

Lamentablemente, la barbarie retorna periódicamente: el siglo XX, y el nuestro propio, son testigos de la misma. Y cuando esta barbarie se entroniza en el individuo y en la sociedad, reinan el exceso, la esterilidad y la ruina. Su furor la conduce a destruir todo lo que es elevado: no trata de recrear la cultura sino, más bien, de sumergirla en la nada de los valores. Como refiere Mattei, “A imagen del búho de la sabiduría, dedicado a Atenea, que no se levanta más que a la caída del día, la barbarie despliega sus alas por la noche; pero son las alas de un ave de rapiña” (4).

NOTAS

(1) ¿Progreso o retorno? Bs. As., Paidós, 2005, p. 171.

(2) ¿Fundamentos prepolíticos del Estado democrático? En Dialéctica de la secularización. Sobre la razón y la religión. Madrid, Ediciones Encuentro, 2006, pp. 46-47.

(3) Église, Oecuménisme et Politique. París, Lib. Arthème Fayard, 1987, p. 276.

(4) Jean-François Mattéi. La barbarie interior. Ensayo sobre el inmundo moderno. Bs. As., Ediciones Del Sol, 2005, pp. 43-44.

La despenalización del aborto: ¿progreso o barbarie?

 

 

MATERIAL  2

Este material es parte del cuadernillo de la UCO sobre el aborto. Está compuesto por materiales basados en el trabajo de diferentes colectivos feministas de Argentina y Bolivia que desde hace años están batallando incansablemente para lograr una ley que despenalice la interrupción voluntaria del embarazo. Agradecemos especialmente a Mujeres Creando, de Bolivia, y a Mujeres al Oeste, de Morón, provincia de Buenos Aires. También es un homenaje a nuestras maestras y referentes Dora Coledesky y Lohana Berkins. Trabajamos en su edición las siguientes integrantes de UCO: Lucía Aita, Anabella Arrascaeta, Bernardina Rosin, Verónica Heredia y Claudia Acuña.

¿Qué es el aborto?

El aborto es una decisión libre, soberana y legítima de una mujer para interrumpir un embarazo no deseado. Es decidir sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras maternidades.

Pero no se puede hablar de la libertad de decidir sin analizar el contexto en el que se presentan los embarazos no deseados: al estar penalizado y criminalizado, el Estado no nos permite acceder a un aborto seguro y realizado en las condiciones adecuadas.

Es por esto que el contexto de cada mujer embarazada hace diferente la experiencia del aborto: no es lo mismo quedar embarazada siendo pobre, que siendo una mujer acomodada económicamente; no es lo mismo tener 14 años y quedar embarazada, que embarazarse a los 30; no es lo mismo quedar embarazada debido a una violación, que quedar embarazada porque te fallaron los anticonceptivos; no es lo mismo quedar embarazada cuando tenés el apoyo y la ayuda de seres queridos, que cuando estás sola; no es lo mismo quedar embarazada por primera vez que después de tener cinco hijos, por nombrar algunas diferencias.

Lamentablemente una mujer que no cuenta con los recursos económicos suficientes tiene menos posibilidades de exigir una atención médica que le brinde garantías para su salud.

Lo que buscamos las mujeres que estamos a favor de la despenalización del aborto es que cualquier mujer, sin importar su condición social, su religión, raza o edad, pueda realizarse un aborto sin poner en riesgo su vida.

Y el único aborto seguro y sin riesgo para la salud de las mujeres es el aborto legal.

Debe dejar en claro que nosotras no promovemos que las mujeres que quedan embarazadas aborten. Lo que defendemos  fervientemente es que cada una de nosotras tiene el derecho legítimo de decidir sobre su cuerpo y sobre su maternidad.

Tal como están las cosas hoy, el aborto es una experiencia violenta por la clandestinidad en la que nos practicamos un aborto, por las leyes que nos penalizan, por la sociedad que nos juzga y condena y por una práctica médica que no prioriza la preocupación por nuestros cuerpos, nuestro placer y nuestra salud.

¿Cuáles son las razones para abortar?

Estas son algunas de las razones y motivos por las cuales las mujeres abortamos:

Porque no nos sentimos preparadas para ser madres.

Porque somos muy jóvenes.

Porque tenemos hijos y no queremos más.

Porque simplemente no lo deseamos.

Porque estamos cansadas de criar hijos, hijas.

Porque ya no podemos alimentar otro niño u otra niña.

Porque queremos trabajar.

Porque queremos estudiar.

Porque queremos realizar nuestros sueños.

Todo aborto decidido es un embarazo no deseado. No hubo ni habrá orden judicial que obligue a una mujer a no abortar. A lo que nos obliga hoy el Estado es a hacerlo en la clandestinidad.

¿Qué tipos de aborto hay?

Los abortos pueden ser espontáneos o voluntarios.

Espontáneo: Es el aborto repentino, no decidido ni deseado.

Voluntario: Es aquel embarazo que hemos decidido interrumpir.

¿Qué es el aborto voluntario?

Es aquel que cuanto menos tiempo de embarazo se tiene es más seguro realizar.

El primer dato de que algo que está pasando con nuestro cuerpo es el retraso de la menstruación. Además, el cuerpo se manifiesta con varios signos, algo muy común es que te duelan los senos o se te hinchen. Si sospechás que estás embarazada es importante que reacciones rápidamente y lo corrobores con:

Un test casero de farmacia.

Un análisis de orina.

Un análisis de sangre.

Una ecografía.

¿Cómo calcular el tiempo de embarazo?

Para conocer el tiempo que tenés de embarazo, tenés que contar desde el primer día de tu menstruación hasta el día en el cual te encontrás. Contás los días y los dividís por siete. El resultado es el número de semanas que tenés de embarazo. Si te salen decimales, redondéalos al número inmediatamente superior. Hacete una ecografía en caso de que hayas olvidado la fecha en que tuviste tu última menstruación. Te la podes hacer a partir del día diez de retraso, y así también podrás saber el tiempo de embarazo que tenés.  Podes pedir la orden para este examen en cualquier servicio de ginecología.

¿Cuáles son los riesgos de abortar?

Cualquier forma de aborto tiene sus riesgos, pero la clandestinidad es el mayor y eso afecta mucho a cualquiera de sus métodos. No sólo porque no están controladas las condiciones de asepsia, sino por el estado en el que se encuentra una mujer al llegar a la situación de aborto: desesperada, sin contención médica, sin suficiente información, entre otros importantes factores que alteran y comprometen la práctica.

Tipos de aborto

Los métodos naturales

En el caso de los métodos naturales, creemos que es muy probable que hayan funcionado alguna vez o que alguna mujer maneje bien estos saberes, pero no han sido socializados y la información que circula es muy precaria. Consideramos que no existe el suficiente conocimiento para aplicar métodos naturales que sean efectivos.

El aborto quirúrgico

Implica una intervención quirúrgica. Existen diferentes métodos que ofrece hoy el mercado clandestino:

Aborto por aspiración: Se suele practicar hasta antes de las 7 semanas. Consiste en la succión, con una jeringa o bomba manual. No requiere previa dilatación y sólo insume unos cuantos minutos. Se puede aplicar este método hasta las 12 semanas con manipulación quirúrgica e induciendo la dilatación cervical.

Aborto por dilatación y raspado (legrado): Se suele realizar entre las semanas 6 y 14. Este procedimiento requiere, como su nombre lo dice, una previa dilatación del cuello uterino, para luego introducir un instrumento delgado y así extraer el tejido que está dentro del útero. Este método se usa también en caso de abortos espontáneos que no se hayan completado.

Aborto por dilatación y evacuación: Se suele realizar entre las semanas 13 y 17 de embarazo. Consiste en abrir el  cuello uterino y vaciarlo mediante el uso de instrumentos quirúrgicos y succión.

Aborto por dilatación y extracción: Es una técnica que se suele usar para embarazos muy avanzados, entre las 17 y 24 semanas. Consiste en provocar o inducir un parto, aplicando una solución o fármacos abortivos.

El aborto farmacológico

Es el llamado “aborto con pastillas” o químico. La información que figura en la Guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de abortos sin riesgo y el Protocolo guía de Ministerio de Salud de la Nación sobre interrupción legal del embarazo describen que el aborto químico se realiza con dos drogas: el misoprostol más la misopristona. Sin embargo, la misopristona no está disponible en Argentina. Sí en otros países latinoamericanos. En Argentina, sólo se comercializa el misoprostol con la marca Oxaprox. La diferencia es que en esta presentación el misoprostol viene con diclofenac. Es decir, no es la pastilla que recomienda la OMS, que es la que tiene solo misoprostol.

¿En qué casos está contraindicado el aborto con pastillas?

No pueden abortar con pastillas las mujeres que:

Tienen presión alta.

Tienen problemas de coagulación.

Tienen alguna afección en el corazón.

Tuvieron un parto con cesárea en los últimos seis meses.

Tienen anemia.

Tienen colocado un dispositivo intrauterino, denominado también T de cobre o DIU.

Tienen un quiste o tumor no tratado.

Tienen  placenta previa.

Tienen un embarazo ectópico.

Son alérgicas al diclofenac o al misoprostol.

¿Qué significa un aborto con pastillas?

Hay que conseguir las 12 pastillas que se necesitan para provocar el aborto. El grado de accesibilidad a las pastillas difiere de ciudad en ciudad; hay lugares donde es más difícil adquirirlas.

Hay que tener el tiempo suficiente para aplicarse el misoprostol.

Hay que estar tranquila y acompañada.

Hay que tener material esterilizado: guantes de látex, toallas higiénicas en cantidad, termómetro para controlar la temperatura y analgésicos menstruales.

Antes que nada, hay que tener ubicado el centro médico u hospital cercano al que se pueda acudir en caso de hemorragia o infección.

¿Cómo se aplica el misoprostol?

Tiene dos formas de aplicación: sublingual y vaginal.

¿Qué provoca?

Contracciones, dolores en el bajo vientre como los de una menstruación fuerte y sangrado durante 24 horas después de la aplicación del misoprostol. Este sangrado puede durar hasta 45 días y parará poco a poco.

También puede provocar dolor de cabeza, escalofríos, fiebre debajo de los 38 grados, para lo cual se indica tomar paracetamol.

Si la fiebre es más alta de 38 grados es  es síntoma de infección: hay que consultar al médico con urgencia

Otros síntomas posibles: calambres, náuseas y vómitos

Pasado los 15 días se recomienda hacer una ecografía para verificar que se haya expulsado todo.

¿Qué pasa cuando falla?

Si después de las 24 horas no se percibe ninguna reacción notoria, las pastillas no funcionaron. Se puede repetir todo el procedimiento completo dos días después del primer intento. Si falló las dos veces, la pastilla no es opción. No se puede usar por  tercera vez.

¿Cuáles son los riesgos?

 Un riesgo de la aplicación del misoprostol, aunque en un porcentaje mínimo, es la hemorragia.

Para saber en qué momento se va a precisar atención médica inmediata, se cuentan las  toallas higiénicas: si se necesitan cuatro en dos horas es síntoma  de hemorragia y hay que acudir rápidamente a un centro de salud.

Cuando la mujer va al centro de salud es importante que el médico cumpla con la obligación de informarle qué considera información confidencial.

¿Cuándo es importante pedir ayuda médica?

 Es muy importante buscar atención médica si:

Se tiene temperatura mayor a los 38°

Se sienten dolores fuertes y continuos en el bajo vientre.

Si el color del sangrado es marrón y no rojo.

Si se huele que el sangrado tiene un olor desagradable.

¿Un aborto trae consecuencias a la salud?

Practicarse un aborto con falta de información y en condiciones clandestinas siempre es riesgoso. No es el aborto lo que mata a las mujeres, sino sus condiciones de clandestinidad. Las que mueren son asesinadas por hemorragias e infecciones,  que son consecuencias de abortos practicados sin control sanitario. Por eso es vital tener información sobre cómo prevenir infecciones y hemorragias.

¿Las pastillas del día después son abortivas?

Con este procedimiento se evita o se retarda la ovulación. La pastilla impide que el óvulo y el espermatozoide se encuentren. Por lo tanto, no se está practicando un aborto.

 

 

MATERIAL  3

La cuestión del aborto
desde la perspectiva de la teleología orgánica

Gustavo Bueno

Un replanteamiento de la cuestión del aborto desde la perspectiva de la teleología orgánica del materialismo filosófico

19. Conclusión general

Concluimos: cuando planteamos, desde la perspectiva teleológica, las relaciones entre el cigoto ya constituido (tras la fusión de los gametos haploides –procedentes de las gónadas de los progenitores– en una única célula diploide) y el individuo personal resultante constatamos:

(1) Que el «individuo resultante» procede, en cualquier caso, del cigoto singular y sólo de él; un cigoto cuyo genoma organiza las líneas fundamentales de su evolución total, y no porque ese cigoto tenga preformadas puntualmente todas las fases sucesivas de tal evolución, puesto que estas fases sólo pueden ir desplegándose a partir de la intervención de programas somáticos que se desencadenan epigenéticamente, es decir, a partir de diversos estímulos del entorno, y van incorporándose, mejor o peor, al proceso evolutivo global.

Pero esto ocurre no solamente en los primeros días del desarrollo del germen, hasta que el embrión o los embriones ya están «maduros», a las dos semanas de la constitución del cigoto, sino también en las sucesivas fases del embrión, que tampoco se limitan a aumentar las proporciones de un embrión dado ya prefigurado (como si este fuera el homúnculo que los «preformistas modernos» ponían en los gametos), sino que también lo desarrollan epigenéticamente. Al menos así podría reinterpretarse la «ley ontogenética» de Haeckel.

En cualquier caso este «mecanismo» de incorporación de los objetivos parciales, dentro de un programa teleológico general (que es el esquema utilizado en la teoría de la endosimbiosis para explicar la formación de organismos pluricelulares a partir de endosimbiontes que habrían sido engullidos para la alimentación de una célula de dimensiones mucho mayores que habría adquirido ya muchas de las propiedades que hoy definen a las células eucariotas), explica la razón por la cual venimos suponiendo que la teleología orgánica comienza in medias res, en el proceso mismo actualista del desarrollo, cuando éste ya se ha producido, y no en su supuesto origen inicial.

Estos «mecanismos» de incorporación habrá que extenderlos al crecimiento del infante en su desarrollo extrauterino, cuando la matriz social ha sustituido a la matriz individual materna. Desde esta perspectiva puede considerarse ya como una exageración dar un corte en la línea genealógica total, mediante el cual se separe el periodo germinal (preembrionario) y todos los demás periodos sucesivos (embrionarios, fetales e infantiles).

(2) Al individuo viviente humano que comienza a desplegarse en el momento de constituirse el genoma concreto, habrá de reconocérsele una identidad sustancial que no se reduce a la mera identidad genética correspondiente a un genoma específico, porque el cigoto, en el mismo proceso de su segmentación holoblástica, es ya una realidad somática individual, con sustantividad actualista(los 2, 4, 8, 16, 32… blastómeros en los cuales el cigoto se va desplegando son numéricamente distintos de los 2, 4, 8, 16, 32… blastómeros en los cuales se despliegan otros cigotos humanos en gestación). Pero esta identidad somática tampoco es, al menos para el actualismo, una sustancia fija, «congelada por debajo» (sub-stare), invariante, sino un flujo permanente.

(3) ¿Qué ocurre cuando el germen alcanza el estado de gástrula avanzada? Que la individualidad somática del embrión, es decir, su identidad somática o sustancialidad actualista se mantiene continuamente, no sólo en los meses, sino en los años sucesivos.

(4) ¿Qué ocurre cuando el germen, en las horas próximas a la consolidación de su identidad numérica (somática, por tanto) se desdobla en dos embriones que darán lugar a una bifurcación del proceso, ya sea esta perfecta (en la gemelización monocigótica), ya sea imperfecta (en los diversos grados del desarrollo siamés)? Para muchos este desdoblamiento del germen en dos individuos capaces de un desarrollo independiente (con identidades somáticas diferentes) es razón suficiente para rectificar la consideración de este germen como un individuo dotado de «identidad somática»; porque un individuo que está a punto de desdoblarse en dos individuos (incluso en el caso del desdoblamiento imperfecto siamés, que ya no sería un «solo individuo bicípite», monstruoso, sino dos individuos coyugados –conjoined twins (vid. ¿Qué es la bioética?, pág. 97)–, no podrá asumir la consideración de individuo con identidad somática, que habría que reservar para los «embriones avanzados».

Sin embargo, lo cierto es que este sustrato viviente, el germen, a punto de desdoblarse en dos (de bifurcarse), tiene también una identidad somática determinada por un cigoto cuyo genoma es además el responsable de la hormona POU5F1 (más conocida como Oct-4), que está implicada en el proceso de autorenovación del sistema de células indiferenciadas (los blastómeros aún no diferenciados histológicamente, y por tanto pluripotentes o totipotentes en relación con sus especializaciones histológicas potenciales).

Ante todo, y en cualquier caso, ¿estamos autorizados para extender proyectivamente esta eventual bifurcación de un cigoto en los cigotos que de hecho no se han bifurcado? Porque si no se han bifurcado, tampoco cabría atribuirles la potencialidad subjetiva de su bifurcación, sino, a lo sumo, una mera potencialidad objetiva o posibilidad lógica. Es cierto que esta cuestión nos obliga a comprometernos, como ya hemos dicho, con la ontología de la posibilidad, a la que antes hemos aludido reivindicando la línea de Diodoro Cronos.

(5) La dificultad se circunscribe, por tanto, al caso de la bifurcación o desdoblamiento del germen en dos individuos embrionarios, entre los cuales hay solución de continuidad (o discontinuidad) perfecta: ¿cómo hablar entonces de un individuo humano ya constituido en el cigoto cuando ocurre que de este cigoto han resultado dos individuos perfectamente separados? El comienzo del proceso ontogenético habría que ponerlo, al menos en los casos de bifurcación, en el momento de la conformación de estos dos individuos, y no antes, porque entonces podríamos afirmar que cada embrión conformador da origen al mismo individuo adulto que suponemos está al término de su evolución.

Sin embargo, ¿cómo dejar de lado la continuidad longitudinal (sustancial actualista) del cigoto, y los embriones en los que se bifurcan (dos, pero «teóricamente» podrían ser más)? Esta continuidad longitudinal implica una identidad sustancial (somática y numérica) acreditada por la herencia común de multitud de caracteres, entre ellos la común reacción ante los mismos estímulos en pruebas de reconocimiento de antígenos en estudios de anafilaxia. «En la mayoría de los casos los únicos injertos que prosperan entre individuos distintos son los isoinjertos, o injertos entre gemelos verdaderos [los monocigóticos o univitelinos, que además suelen presentarse en espejo] lo cuales no presentan la reacción de intolerancia, verdadero obstáculo para la supervivencia del injerto» (Charles Houillon, Embriología, Omega 1977, pág. 144).

Pero la continuidad longitudinal no excluye la discontinuidad transversal, como ocurre en los procesos teleológicos de reproducción por escisión directa: cuando la ameba A se divide en dos amebas B y C, podemos hablar de una continuidad longitudinal (AB, AC) sin perjuicio de la discontinuidad transversal (B/C). Por ello, cuando nos referimos a la ameba admitimos que, sin perjuicio de la identidad genética, la identidad somática A se transforma en las identidades somáticas B y C. Es decir, la sustantividad actualista de A se mantiene presente en la sustancia de B y en la de C (lo que sugiere la utilización de esquemas de identidad sustancial semejantes a los utilizados por el pensamiento mitopoiético premicroscópico –el mito de Jano, los Dióscuros, &c.–).

Y si reaplicamos esta idea al cigoto individual humano que, en el proceso de su desarrollo, se bifurca en dos embriones individuales, ¿no habrá que concluir también que la sustancia actualista individual del cigoto se mantiene distribuida en los embriones en los que eventualmente se bifurca y que, en consecuencia, el cigoto bifurcado reproduce de algún modo la binariedad de los progenitores que lo engendraron? En el cigoto, en el proceso actualista de segmentación, incluso en el caso de bifurcación embriónica, habría que reconocer ya una individualidad viviente, aunque no monista, sino susceptible de desdoblarse en individualidades discontinuas que pudieran considerarse como la misma sustancia desdoblada; una «misma» sustancia que no implica la indiscernibilidad clónica de los sosias.

Y, en todo caso, nos parece evidente que si destruyésemos el cigoto durante el proceso de su segmentación pregastrular, estaríamos también destruyendo los individuos que pudieran resultar de su bifurcación.

Y esto nos llevaría a tratar el cigoto con las mismas precauciones «bioéticas» a como tratamos a un embrión «avanzado e identificado». ¿Por qué hablar de administración de hormonas denominadas comercialmente «anticonceptivos de emergencia» (AE, tales como el levonorgestrel, o el etinilestradiol) los días que preceden a la formación de embriones «definitivos», y no hablar directamente de administración de hormonas abortivas, puesto que su efecto real es aniquilar, no ya a un individuo en proceso de gestación, sino a dos individuos?

Inseminación de género sobre una vaca

20. La perspectiva de género y la ecualización de las mujeres embarazadas y las vacas preñadas

Dos palabras epilogales sobre el texto legal que figura en el Boletín Oficial del Estado (de España) del 4 de marzo de 2010. Un texto que merece un comentario crítico más pormenorizado, tarea que excedería los límites de este rasguño. Nos atendremos únicamente a algunos puntos de confrontación del texto legal con las ideas que acabamos de exponer sobre el aborto desde la perspectiva teleológica.

Ante todo, advertimos que el título principal de la Ley («Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva») expresa muy bien la naturaleza de su enfoque, porque la «salud sexual y reproductiva» va referida a la mujer considerada, se dice, desde la perspectiva de género.

Pero aquí, tal perspectiva, resulta confundida con la perspectiva genérica que considera a la mujer, ante todo, en su condición de hembra que lleva en su vientre un «bien jurídico» protegido por la ley. La perspectiva de género deja fuera de foco, no sólo a la institución de la familia, sino también al hombre, en su condición de padre (y dejamos de lado, por redundante, la expresión «padre biológico», porque el padre no biológico es el padre legal o padrastro). Desde esta perspectiva «de género» el hombre sólo puede asumir el título de proveedor de semen, ya sea directa y nominativamente, ya sea indirectamente de forma anónima a través de un banco de semen en los casos de inseminación artificial. Esto explica por qué el título principal de la ley («salud sexual y reproductora») toca a la mujer desde la perspectiva genérica, del género hembra, es decir, como hembra cuya salud sexual se protege sobre todo en las situaciones de hembra reproductora.

Dicho de otro modo, la ley, determinada por la fuerza de la perspectiva «de género» que ha asumido (es decir, más allá de las intenciones subjetivas del legislador) considera a la mujer, más que como madre, como hembra protegida por la ley, como bien jurídico, tanto en su «salud sexual» como en sus funciones reproductoras, es decir, de la misma manera a como considerará a una vaca o a una perra, tomada a partir de su inseminación, tanto si esta es directa o natural como si es indirecta o artificial. El enfoque «de género», que asume la ley, al abstraer la figura del padre y de la familia (la mujer se considera en su individualidad autodeterminada plena y absoluta, como dueña de su cuerpo, sin tener en cuenta la contribución que el padre tiene sobre el fruto que lleva en su vientre) nos ofrece la perspectiva desde la cual la sociedad humana se confunde de un modo cuartelero con una granja.

Los «bienes jurídicos» protegidos por esta ley tendrán que ser tratados como tales, al margen, por tanto, de toda línea teleológica; es decir, como se trata a los bienes jurídicos de una vaquería, protegiendo la salud sexual de las vacas y los frutos en desarrollo de sus vientres según el valor estimado durante el periodo en que el nasciturus se considera en su desarrollo. La ley da tres «cortes» a este desarrollo (es decir, al desarrollo del embarazo o de la preñez):

a) Hasta las catorce semanas el nasciturus se trata como si careciera de valor intrínseco, porque el que tiene, como sustrato viviente, sólo puede recibirlo de la voluntad arbitraria, «libre», de la hembra, en la medida en que ella decida concederle la vida para los periodos sucesivos. La ley habla no de fases de una evolución continua del nasciturus, sino, sorprendentemente, de «cambios cualitativos», sirviéndose de una idea de la metafísica hegeliana que utilizó el marxismo más grosero de estirpe engelsiana. Una idea pensada en función del desarrollo de una cantidad (los cambios cualitativos se sobreentienden en función de un desarrollo cuantitativo dado, aunque probablemente los legisladores ni siquiera se han dado cuenta de esto). Una cantidad, que en el contexto legal, sólo puede referirse al desarrollo del tamaño, del peso o del tiempo del nasciturus medido en semanas.

Según esto la ley aplica la metafísica de los cambios cualitativos a una cantidad de vida determinada a una situación en la que lo que cambia no es la cantidad, sino la sustancia (puesto que la ley presupone que el «cambio cualitativo») que se produciría al alcanzar la cantidad de la semana catorce, supone el paso de una vida que aún no es humana (y por ello el aborto antes de la semana catorce no es un homicidio, sino un simple derecho otorgado a la mujer que «interrumpe voluntariamente» su embarazo) a una vida que ya se considera humana. Porque no es probable que los legisladores hubieran sobreentendido sus «cambios cualitativos» como cambios en la «calidad de vida», por ejemplo como cambios de una calidad de vida mala en la que «decae la premisa que hace de la vida prenatal un bien jurídico» a una calidad de vida más satisfactoria. Lo más probable es que los legisladores, al apelar a la idea de los cambios cualitativos no sabían lo que estaban diciendo.

b) Hasta las veintidós semanas la ley autoriza el aborto por razones terapéuticas, referidas al feto o a la hembra que lo sustenta.

c) Después de las veintidós semanas, cuando el legislador supone que el feto ya es viable «con independencia de la madre» –aunque no sea independiente de otros vivientes (¿por qué no las lobas, como la que atendió a Rómulo y Remo?) que puedan atenderlo–, el aborto ya no se autoriza y el embarazo sólo podrá ser interrumpido (no a título de aborto, sino de parto inducido) en los supuestos de anomalías fetales incompatibles con la vida del nasciturus [el texto legal debiera decir aquí, del moriturus], porque es entonces cuando «decaerá» la premisa que hace de la vida prenatal un bien jurídico.

Así pues, todo ocurre de la misma manera que sucede con el ternero que la vaca de carne criada en la granja lleva en su vientre y que también es un bien jurídico económico cuya destrucción puede constituir un delito contra la propiedad (o incluso, en otras legislaciones, un delito contra los derechos de los animales, o simplemente un delito ecológico).

En cualquier caso, la aproximación, por el tratamiento de la perspectiva de género, de las hembras vacunas preñadas a las mujeres embarazadas, implica la recíproca, es decir, la aproximación de las mujeres embarazadas a las vacas preñadas.

El Catoblepas • número 98 • abril 2010 • página 2

 

 

MATERIAL  4

Informe Kissinger

En la solicitud del informe, el 24 de abril de 1974, Henry Kissinger exponía la verdadera razón del mismo: la preocupación de EEUU por que la emergencia de naciones productoras competidoras pudiera restar preponderancia a las exportaciones de los EEUU. Además, el rápido crecimiento de la población de dichas naciones amenazaba con dotarlas de un peso específico en la escena internacional que disminuyera el peso relativo de EEUU: a esta alteración del statu quo, perjudicial para los intereses de EEUU denomina “desequilibrio poblacional”, y teme que los países extranjeros, viéndose en el futuro crecidos puedan bruscamente modificar ese statu quo mediante políticas “perturbadoras” (la palabra es “disruptive” en el original, que tiene un cierto sentido de ruptura de lo establecido, insubordinación, innovación, o cambio brusco de las reglas del juego):

“Desde el punto de vista de cada proyección, el estudio debe determinar:

* La velocidad de desarrollo, particularmente en países más pobres;
* La demanda de productos exportados por EEUU, especialmente de alimentación, y los problemas de comercio para EEUU que pueden surgir de competición de fuentes alternativas; y
* La probabilidad de que el crecimiento o desequilibrio poblacional producirá políticas extranjeras perturbadoras e inestabilidad internacional.”

Este planteamiento se puede resumir en una palabra: miedo. Miedo al desarrollo ajeno. Este planteamiento encierra algo de positivo: significa que Henry Kissinger confiaba en la capacidad de los países pobres para salir un día de su pobreza, desarrollarse y llegar a competir con EEUU. Porque valoraba el activo más importante de un país: su gente. Él sabía que un país con una gran población acabaría siendo un país importante cuando saliera de la pobreza al desarrollarse.

Por eso, sin esperar a recibir el análisis que solicitaba como primera parte del Informe, prejuzgaba cuál debía ser el resultado de este análisis: una visión negativa del aumento de la población mundial, y solicitaba una segunda parte del informe que debía centrarse en proponer estrategias para reducir la población de los países en vías de desarrollo.

El informe debía estar listo el 29 de mayo, apenas un mes después, según las instrucciones de Henry Kissinger. Sin embargo, no se adoptó como política oficial de los EEUU hasta el 10 de diciembre de ese mismo año. Durante los más de seis meses que separan esas dos fechas, debió de haber varias versiones del documento, porque el Informe, sin variar un ápice la receta propuesta (reducir la población de los países pobres), aparentemente adoptó unas motivaciones sustancialmente distintas, que son las expuestas en su primera mitad:

* ya no se consideraba que habría exceso de países competidores exportando recursos (particularmente agrícolas) y haciéndole la competencia a los EEUU (que era el planteamiento original), sino que habría escasez global de recursos,
* ya ni se hablaba de la posibilidad de que dichos países emergentes pudieran fijar unas nuevas reglas del juego al volverse poderosos, sino que se temía que las “inestabilidades” consistieran en guerras debidas a la lucha por los recursos, y finalmente
* tampoco se hablaba de la velocidad de desarrollo de los países pobres, sino que se les retrataba como embarrancados en un estado de estancamiento de difícil salida.

Es fácil ver que la tesis del informe es abiertamente contraria a la tesis de quien solicitó el Informe. En la solicitud del informe había implícita una gran confianza en la capacidad del enemigo para desarrollarse. En el informe, sin embargo, se niega que el enemigo tenga ninguna capacidad, y se argumenta con cálculos Malthusianos que si no reduce su población no tendrá ninguna oportunidad de desarrollarse. Parece que los autores del Informe, una vez asumida la estrategia y comprendido el riesgo tras quizás una primera versión del Informe que no nos ha llegado, hubieran escrito una versión B del informe con un enfoque totalmente contrario, apta para ser desclasificada años más tarde y terminar de ejercer su efecto desesperanzador sobre los países en vías de desarrollo.

El mecanismo de desclasificación de documentos era conocido por Henry Kissinger cuando se escribió y se clasificó como Confidencial, y por tanto sabía que acabaría siendo público en unos pocos años. Pero por la enorme inercia de los temas poblacionales, esos pocos años no eran suficientes para la implementación de las medidas propuestas y menos aún para la consecución de los resultados deseados, ya que para eso harían falta al menos 50 años. Si sólo 10 o 15 años después de acordar estas políticas se hacía público para todo el mundo que en realidad el estudio preveía un importante peso específico de los países con mayor población y que el objetivo verdadero de reducir la población era atenuar ese futuro peso específico, toda la construcción propagandística se vendría abajo y se generaría un enorme rechazo a EEUU.

Así que había que hacer “oficial” una versión del Informe que, al ser desclasificada años después, contuviera parte del contenido del verdadero informe para darle suficiente credibilidad cuando fuera conocida públicamente, pero sin contradecir los argumentos desesperanzadores que se iban a utilizar para convencer a los países pobres de la necesidad de reducir su población. La jugada maestra fue precisamente eliminar del informe los cálculos que resultaran esperanzadores para los países pobres, sustituyéndolos precisamente por tales argumentos desesperanzadores. Había que ceder algunos barcos para ganar la batalla, de manera que era necesario desvelar algunos aspectos maquiavélicos de las políticas propuestas para así suscitar suficiente interés como para motivar su lectura por los países en vías de desarrollo. De esta forma, en el momento en que el Informe se desclasificara tendría la máxima difusión entre los países pobres, y terminaría de torcer las voluntades de los países más reticentes a aceptar políticas de reducción de su población, al concluir éstos que, a pesar de las intenciones manipuladoras de los EEUU, en el fondo estas políticas iban en beneficio de los países pobres y realmente buscaban evitar la escasez de recursos debida a la “superpoblación” y su verdadero desarrollo.

Uno de los aspectos maquavélicos de las políticas propuestas es el que se describe en estos párrafos:

“Es vital que el esfuerzo para desarrollar y fortalecer el compromiso de parte de los líderes de los LDC no sea visto por ellos como una política de un país industrializado para mantener sus fuerzas bajas o para reservar recursos para utilización de los países “ricos”. El desarrollo de tal percepción puede crear una contra-reacción adversa a la causa de la estabilidad poblacional. Por lo tanto, los EEUU y otros países “ricos” deben tener cuidado de abogar por políticas para los LDCs que sean aceptables dentro de sus propias fronteras. (Esto puede requerir debate público y afirmación de nuestras intenciones políticas). El liderazgo “político” en los países en desarrollo debe, por supuesto, ser tomado cuando sea posible por sus propios líderes.

Los EEUU pueden ayudar a minimizar las acusaciones de que hay una motivación imperialista detrás del apoyo a las actividades poblacionales afirmando repetidamente que tal apoyo deriva de una preocupación con respecto a:

1. El derecho de la pareja individual de determinar libremente y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos y a tener información, educación, y los medios para lograrlo; y
2. El desarrollo fundamental social y económico de los países pobres para los cuales el rápido crecimiento poblacional es a la vez una causa y una consecuencia de la pobreza ampliamente diseminada.
Más aún, los EEUU deben actuar para enviar el mensaje de que el control del crecimiento poblacional mundial está en el mejor interés de países desarrollados y en desarrollo por igual. ”

El lector que haya llegado hasta aquí puede preguntarse: “Bueno, todo esto es muy interesante pero ¿qué tiene que ver con la lucha provida?”

Precisamente, la “lucha contra el crecimiento de la población” que propone el Informe es la lucha contra la vida. El Informe propone que se estudien y mejoren todos los medios para evitar o dificultar que se engendren nuevas vidas (anticonceptivos, esterilización, imposición cultural de un modelo de familia con dos hijos, adoctrinamiento desde los primeros años de escuela, creación de las condiciones que empujen a la mujer al mundo laboral y a contraer matrimonio más tarde…), y también que se acepte la “solución” de eliminar una vida ya engendrada: el aborto. En palabras del propio Informe:

“Ningún país ha reducido su población sin el recurso al aborto” (“No country has reduced its population growth without resorting to abortion”).

Por esto el Informe Kissinger se considera la piedra fundacional de la política estratégica estadounidense de promocionar el aborto en todo el mundo. Esta política ha permanecido vigente años y ha sido adoptada por la ONU y otras organizaciones internacionales y organizaciones relacionadas con la ONU: ACNUR, la OMS, UNICEF, el Bando Mundial… La pervivencia de estas políticas en las organizaciones internacionales ha permitido que se mantengan a pesar de que el presidente Bush prohibió financiar con dinero público a organizaciones abortistas que operaran en el extranjero.

El Informe Kissinger sigue marcando las líneas estratégica de la política estadounidense desde hace más de 40 años después.

 

MATERIAL 5

Esta entrevista surge entre dos personas que, con puntos de vistos opuestos acerca de los problemas que acarrea el aumento exponencial de la población y que esta no puede desligarse de las posibilidades de subsistencia a partir de los recursos y su distribución a nivel planetario. Queda claro, pues que el número alto de pobladores es un problema relacionado con la escasez de recursos de un determinado espacio geográfico, o bien porque ha sido esquilmado ese espacio o bien porque está muy desigualmente repartida la riqueza.

Estas dos personas sugieren alternativas para solucionar los problemas ligados a la “explosión demográfica”. Se trata de Paco, profesor de filosofía en un instituto, militante de un movimiento en contra el aborto; y de Mercedes profesora de inglés y traductora. Ambos son personas informadas. Las preguntas son las siguientes:

 

1 ¿Cuál es tu opinión sobre la explosión demográfica actual? ¿Realmente somos muchos los seres humanos?

Paco: Depende para qué. Si es para tener todos los habitantes de la Tierra el nivel de vida delos Estados Unidos, sin duda que sí. La tierra no tiene recursos para tanto. Ahora bien, una vida digna no exige vivir en una sociedad opulenta y de derroche. Para una vida así, hay recursos para una población el doble que la actual y aún mayor.

Mercedes: ¿Qué si somos muchos? Somos más que muchos. Demasiados. Yo no soy demógrafa, pero…una población creciente y a un ritmo como el actual, terminará necesariamente con todos los recursos del planeta. Pero el tema no acaba ahí. Las sociedades occidentales han frenado su crecimiento demográfico y, sin embargo, no para de producir alimentos. A su alrededor, sociedades sin control demográfico, como los africanos, los centroamericanos, los de la India…nos muestran un panorama muy preocupante, agravado aún más por el reparto desigual de los recursos…Somos demasiados.

2 ¿Crees que puede ser una solución el control de natalidad?

Paco: Prefiero el término “paternidad responsable”, pues “control” tiene cierto matiz de coacción. Esto tiene lugar en países del Tercer Mundo –China, India, Brasil, etc.-, donde se esteriliza a las mujeres sin su consentimiento, sin su conocimiento en muchos casos y bajo medidas de presión de todo tipo. Los padres, no los gobiernos, tienen derecho a decidir libre y responsablemente el número de hijos que desean tener de acuerdo con sus propios recursos y teniendo presente el bien de la sociedad.

Mercedes: Si se reconoce que hay un problema demográfico, se debería aceptar que hay que poner en marcha mecanismos de control para paliar tan desmesurado crecimiento. Entre los sistemas de control estarían los métodos anticonceptivos. Pero pienso que tienen que ir ligados a un desarrollo sanitario y a las diferentes culturas del mundo. Se ha investigado poco en sistemas eficaces de anticoncepción masculina, por ejemplo…

3 ¿En cuánto a los medios de control…¿Piensas que el aborto es un medio razonable? ¿Debe ser legal?

Paco: estoy totalmente en contra…Es como si para eliminar el hambre de Etiopía, matásemos a todos los etíopes que tienen hambre. No creo que deba ser legal, puesto que según las estadísticas (en España, por ejemplo), la legalización del aborto multiplica los números de abortos por cinco, seis y hasta diez veces, tanto legales como clandestinos.

Mercedes: Lo primero sería prevenir embarazos no deseados con una correcta información sexual y el uso de una correcta contracepción segura. Estoy a favor de cualquier método anticonceptivo, porque entiendo que ayuda a mejorar la calidad de vida de las mujeres. Alguien ha dicho que la píldora ha sido la única  y auténtica revolución del siglo XX. La píldora ha cambiado la existencia de un sector muy amplio de población: las mujeres. Defender el aborto como una opción más para las mujeres no supone ninguna imposición para quienes su conciencia o creencias no le permitan optar por ello. En cambio, prohibirlo supone una imposición moral y física sobre las mujeres y su libertad de elección.

 

Bibliografía utilizada

Proyecto Cronos, Ciencias sociales, Historia y Geografía. IV La población y los Recursos. Grupo Cronos. Edic. De la Torre, Madrid, España, 1995. Pág. 30,31.

 

Actividades

  1. Haz una breve sinopsis de los juicios expresados (última parte).
  2.  Separa los que son datos de los que son opiniones (Segunda parte).
  3. ¿A qué se pueden deber opiniones tan encontradas? (Todas las partes).

 

Por Hugo R. Manfredi